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SEGUNDA EPOCA

DE

LAS MISIONES DE PIELES É INFIELES

É

DEL COLEGIO DE

SANTA ROSA DE OCOPA.

CAPITULO I.

Restablecimiento de las misiones en 1770.

El compendio histórico de los trabajos y muerte que sufrieron los misioneros de la Religion Seráfica para la conversion de los gentiles en las montañas de los Andes, compuesto por el R. P. Fr. José Amich é impreso en 1854, comprende desde 1724, en que se concedió por la provincia de los doce Apóstoles de Lima, al M. R. P. Comisario de las Misiones el actual Colegio de Santa Rosa de Ocopa, que entonces era simplemente un anejo de la parroquia del mismo nombre, hasta el año de 1771, concluyendo con el abandono de las misiones de Lamas.

A causa de la expulsion de los padres Jesuitas, fueron encargadas á este Colegio las Misiones del archipiélago de Chiloé por los años de 1770, y en 1787 los misioneros de Ocopa habian visitado ya con su celo apostólico, tanto las

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islas de dicho archipiélago como el continente, habiendo catequizado á muchos infieles y administrado los santos Sa

y cramentos á veinte y seis mil seiscientos ochenta y cinco cristianos que encontraron en ellas diseminados.

El Cabildo de la ciudad de Santiago de Castro, capital de la provincia de Chiloé, en una certificacion de 7 de Setiembre de 1787 afirma que todos los misioneros existentes en aquellas islas y tierra firme, animados de su celo y amor de las almas, se ocupaban sin perdonar trabajo ni fatiga enne confesarlas y adoctrinarlas; y en otro informe dado por

el mismo Cabildo en 7 de Diciembre de 1789 confirma lo mismo, manifestando la necesidad que habia de mayor número de operarios, para poder dar mas pronta y proporcionadamente el pasto espiritual al número expresado de almas, que moran en la tierra firme y veinte y seis islas. D. Francisco Garos, Gobernador intendente de dicha provincia, en su oficio de 1.° de Diciembre del referido año 1789, informó lo mismo acerca de los trabajos de los misioneros y la necesidad de mayor número de operarios.

A fines del año 1786, el padre misionero Fr, Francisco Menendez, acompañado de D. Manuel Barrientos y algunos indios, emprendió un penoso viaje que concluyó en 18 de Enero del siguiente año. Del diario que dejó escrito consta, que dirigiendo su rumbo por el Este de la última isla, que se halla á la parte de la cordillera llamada Butachangui, se internó por el estero Murillmo, siguiendo por el rio Bodahuc, hasta su confluencia con el Reremo; continuando su viaje por tierra llegó á atravesar la famosa cordillera nevada de los Andes, y habiendo bajado á una llanura de dos leguas, descubrió varias lagunas, á la otra parte de las cuales vió tres cerros que hacian frente á otros dos colorados.

Pasados estos, mirando por la parte del Este, vió una pampa interminable, y cerca de aquellos cerros encontró tres caminos muy trillados, con pisadas recientes de caballos. La falta de provisiones, empero, y el temor de dar sin las debidas prevenciones en manos de los infieles, le impidió

seguir la empresa. Este laborioso misionero merece un particular recuerdo; ejercitose sin cesar dando misiones en aquellas islas, sufriendo inmensos trabajos por mar y tierra, y en la expedicion que hizo hasta la altura de diez y siete grados en el año 1779, pudo á costa de evidentes peligros, atraer muchos gentiles á la fé.

Los pueblos y capillas de misiones que por este tiempo tenia á su cargo el Colegio de Ocopa en las montañas del Perú, fuera de las que tenia en tierra firme é islas de Chiloé, eran nueve a saber: cuatro conversiones de Cajamarquilla ó Huialillas, llamadas Pajaten. Valle, Sion y Pampa-hermosa: cuatro en las de Huánuco, á saber: Pueblo nuevo, Chaclla, Muña y Rozuzo, y una capilla con el nombre de Simaribe en las de Huanta.

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Progresos de las misiones durante la guardiania del

R. P. Fr. Manuel Sobreviela.

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Como hemos indicado en el capítulo anterior, las necesidades de las renacientes misiones reclamaban imperiosamente un aumento de personal, que no podia proporcionarles la escasez de misioneros que habia en Santa Rosa de Ocopa; pero la Providencia que les habia deparado aquel vasto campo para ejercitar en él la labor de su caridad, no tardó en suministrarles el refuerzo que para esto necesitaban. En efecto, por el mes de Febrero de 1787 llegó á Ocopa la numerosa mision de cuarenta sacerdotes y cinco legos, que condujo el R. P. Fr. Francisco Alvarez de Villanueva; y aun que por motivos particulares no se dió un impulso inmediato a las misiones, no obstante luego de celebrado el capítulo y elegido prelado de este Colegio el célebre P. fray Manuel Sobreviela, recibieron tanto incremento las misiones de fieles é infieles, gracias al celo y talento de este Guardian, que bien podemos asegurar, que este Colegio desde su fundacion no ha tenido jamás tantos pueblos de conversiones ni un número tan considerable de almas bajo su cuidado. Este sabio misionero en el tiempo de su guardianía, levantó el mapa de los rios Huallaga y Ucayali y de toda la pampa del Sacramento, siendo este plano el primero que se publicó en el Perú.

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