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mismas verdades, cuya decision promovieron y am-
pararon sus Monarcas; estos los puntos que venti-
laron, probaron y defendieron sus Teólogos ; y estoso
los dogmas y disciplina que decidieron y decretaron
sus Prelados. Ningunos Obispos mas zelosos ni desin,
teresados que los Españoles en promover la gloria
de Dios , la santidad de las costumbres,

y
la

pureza de la religion. Fueron los mas prontos en asistir, aunque eran los mas distantes; y á pesar de los

grandes obstáculos, que les opusieron , fueron los mas firmes en continuar esta obra grande, de que esperaban volviese al seno de la Iglesia la Alemania confundida, y despedazada con exécrables errores.

Durará sin duda con la Iglesia la memoria de su zelo; y resonarán con los nombres de Don Fray Bartolomé de los Mártires, de Don Pedro Guerrero, del Cardenal Pacheco, de Don Martin de Ayala , de Don Diego de Alaba , y de otros muchos Españoles , los tiernos y vehementes clamores, con que pidieron la reforma de costumbres anhelando por ver renacer aquellos primitivos y felices dias en que florecieron á competencia el zelo

у

desinteres de los eclesiásticos, y el candor , pureza, y sumision de los seglares. ¡Quanto no ayudaron con sus luces los sabios Españoles Domingo , y Pedro de Soto , Carranza, Vega , Castro, Carvajal, Lainez, Salmeron , Villalpando, Vargas, Covarrubias, Menchaca , Montano , y Fuentidueñas! Los puntos mas importantes se cometieron á su exàmen, y contribuyendo con su talento y sabiduria á la defensa de la fe Católica , y al lustre inmortal de la nacion Española , correspondieron ampliamente al hopor con que les distinguió el santo Concilio, y

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á la espectacion de la Iglesia universal. ¿Qué dificultades no vencieron tambien los Reyes de Es'paña para lograr la convocacion del santo Concilio, para principiarlo, proseguirlo, y restablecerlo despues de haberse interrumpido en dos ocasiones? Al Emperador Carlos V., á su hermano Ferdinando, y á Felipe II. se debe la victoria de tantos obstáculos como fue necesario superar para llevar al cabo tan santa y necesaria obra. Los Españoles pues, tienen justísimo derecho de disfrutar en su idioma la misma doctrina que promovieron sus Reyes, ventilaron sus Teólogos, y decidieron sus Obispos.

La traduccion, que se presenta, es literal; aunque la diferencia de los dos idiomas , y del estilo propio del Concilio haya obligado a seguir muy diferente rumbo en la colocacion de las palabras. No obstante el original es la norma de nuestra fa Y tumbres, y la única fuente á donde se debe recurrir quando se trata de averiguar profundamente las verdades dogmáticas y de disciplina , sobre cuya inteligencia se pueda suscitar alguna duda. Con este objeto , y por dar una edicion bien corregida, se ha impreso en el mismo tomo el texto latino , revisto con suma diligencia , y confrontado con la edicion que pasa por original ; es á saber , la segunda de Roma hecha por Paulo Manucio en 1564. con la de Alcalá por Andres de Angulo en el mismo año, con la de Phelipe Labé en 1667. y con la que publicó últimamente en Amberes en 1779, Judoco Le-Plat, Doctor de Lobayna. Tambien se han tenido presentes las Sesiones que se estamparon en Medina del Campo en 1554. y en fin la edicion de Madrid de 1775, que no corresponde por cier

to

COS

to al buen deseo de los que la publicaron; porque habiendo copiado á la de Roma de 1732, sacó los mismos yerros que esta , y en una , y otra faltan palabras, y á veces lineas. Este esmero, siempre necesario para dar á luz una obra de tanta conseqüencia, ha sido mayor despues que el supremo Consejo de Castilla se sirvió ordenar que ademas del sabio teólogo que aprobó esta traduccion , nombrase otro el M. R. Arzobispo de Toledo , con cuyo auxilio cotejase el traductor cuidadosamente esta obra con dicho original , para que no solo en lo sustancial, sino aun en la mas minima expresion vayan en todo conformes, y se logre que salga esta obra al público perfecta en todas sus partes. Ojalá! que el cuidado puesto en la edicion corresponda á las intenciones del supremo Consejo, y al zelo con que el Excelentísimo señor Arzobispo de Toledo ha encomendado la exactitud en la correccion. Consta á lo menos, que el texto Latino, que ahora publicamos, tiene menos defectos que el de la edicion de Roma estimada por original, y certificada como tal por el secretario , y notarios del mismo santo Concilio.

Por lo demas no parece se debe advertir á los lectores legos, sino que los decretos pertenecientes á la fe son siempre certísimos, siempre inalterables, siempre verdaderos, é incapaces de mudanza, ó variacion alguna. Pero los decretos de disciplina , ó gobierno exterior en especial los reglamentos, que miran á tribunales, procesos apelaciones, y otras circunstancias de esta naturaleza, admiten variacion como el mismo santo Concilio da á entender. En conseqüencia, no hay que estrañar que no se conforme la práctica en algunos pun

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tos

tos con las disposiciones del Concilio ; porque ademas de intervenir autoridad legítima para hacer estas excepciones, la historia eclesiástica comprueba en todos los siglos que los usos loables, y admitidos en unos tiempos, se reprobaron , y prohibieron en otros, y los que adoptaron unas provincias, no los recibieron otras.

Para que los lectores tengan presentes los puntos históricos principales , y los motivos que hubo para congregar el Concilio, para disolverlo en dos ocasiones, y para volverlo á continuar hasta finalizarlo; basta por ahora la fectura de las bulas de convocacion de Paulo III. Julio III. y Pio IV. pues consta en ellas así la urgente necesidad de convocarlo, como los obstáculos humanamente insuperables que fue necesario vencer para continuare lo, y conducirlo hasta su fin. Solo me ha parecido conveniente insertar la acta de la abertura: necesaria sin duda para conocer los Legados que presidian, proponian , y preguntaban , y el método, y solemnidad con que se celebraban las Sesiones. El número, y nombres de los Prelados , Embaxadores

, y y otros concurrentes consta de los Apéndices ; que se han descargado de muchas noticias pertenecientes á los Padres, y Doctores Españoles, por no permitirlas la magnitud del volumen. Espero no obstante dar noticias mas indivi duales é importantes de estos sabios y virtuosos heroes, en la Historia del Concilio de Trento, de que tengo trabajada mucha parte; íntimamente persuadido á que ningunos sucesos del siglo décimo sexto pueden dar mas alta y noble idea del zelo, entereza, y sabiduria de los Españoles.

APEN

و

APENDICE AL PROLOGO

DE LA PRIMERA EDICION.

Vid. Le-Plat iu

Para

ara satisfacer la curiosidado de algunas personas, et zelo de otras, y la obligacion de quien desea que la tra. duccion del santo Concilio logre la exactitud y perfeccion propia de tan altas y respetables materias ; me parece conveniente añadir que el texto latino de esta impresion es el de la segunda que hizo en Roma Aldo Manucio, la que (a diferencia de las antecedentes , una en folio, y otra en octavo , que no obstante ámbas se reputan por una (-)) (1) tiene en el frontis estas palabras : Inder Dogmatum, et Re- Proiegonu. formationis; y al pie de la misma plana , estas : In Æditus Populi Romani. Véase sobre la preferencia que se le debe dar el prólogo de Maynardi en su edicion de Roma de 1732. El Ilustrísimo Señor Don Manuel Lanz de Casa fonda , del Consejo y Cámara de Indias, se sirvió comunicarme el exem. plar que se ha seguido ; y el Señor Don Antonio Pison, Lector de los Principes nuestros Señores, los de Alcalá, y de Medina del Campo.

Los títulos de los capítulos dogmáticos en las Sesiones de Justificacion, Penitencia, Eucaristia , Extrema-Uncion , y de la Comunion er ambas especies , son los únicos que pusieron los Padres del Concilio. Los demas son de sabios respetables, pero que no tienen igual autoridad.

El santo Concilio siguió el método de explicar con extension su doctrina en los capítulos de dogmas ;'y con mas precision é igual exactitud los mismos puntos en los cánones ; contribuyendo mutuamente estos y aquellos á dar clarisima idea de los dogmas decididos. Por este medio no puede quedar duda alguna sobre la inteligencia del texto castellano. No obstante, el respeto que se debe a materias tan sagradas, me obligó á creer como absolutamente necesaria la impresion del texto en los dos idiomas, y á escribir en el prólogo que el original es la norma de nuestra fe y costumbres, y la única fuente á donde se debe recurrir quando se trate de ave

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