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DICCIONARIO

TEOLÓJICO, CANÓNICO, JURÍDICO, LITÚRJICO,

BÍBLICO, ETC.

I

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IDOLATRIA. Consiste la idolatría en tributar a la creatura el culto que solo a Dios se debe, como consta de la definicion que comuninente le dan los teólogos con Santo Tomas: Cultus divinus exhibitus creaturæ.

Sabios escritores han pensado, que los primeros objetos del culto de los idólatras, fueron, el sol, la luna i los astros. Su esplendor, su hermosura, los bienes que producen, en favor nuestro, hizo que, , desde luego, se les atribuyese una virtud divina, i que se les prestase en seguida un culto relijioso. Otros han creido que la mas antigua idolatría tuvo por objeto a los anjeles. Al principio se les miró con respeto i veneracion, a causa de la escelencia de su naturaleza i la proteccion que nos dispensan; se les tributó, en seguida, un culto subordinado al que se debe a Dios; i por último, se les adoró como al mismo Dios. Mas tarde se imajinó, que estaban unidos a los astros, i desde entonces el culto que se les tributaba, empezó a darse, al

, sol, a la luna, a las estrellas.

Mas si se quiere encontrar las verdaderas causas de la idolatría, preciso es buscarlas en la depravacion del corazon humano, en su ignorancia, su vanidad, su orgullo, el amor a los placeres, el liberti. naje, las pasiones brutales, i si se quiere tambien, en el amor desor. denado de un padre a su hijo, de una esposa a su esposo i vice versa, de un hijo a su padre, de un esposo a su esposa; en el respeto exajerado de los vasallos a su príncipe, en el reconocimiento escesivo a servicios recibidos de ciertas personas, i, en fin, en la admiracion de las grandes cualidades de ciertos personajes esclarecidos. Una o muchas de estas razones, inducian, amenudo, a los hombres a tri. butar, una adoracion, un culto supersticioso, a las personas que amaban, que honraban, que respetaban con esceso.

Pero ¿en qué época o tiempo tuvo oríjen la idolatría? Quieren algunos que el primer autor de ella haya sido Cham, hijo de Noé; otros atribuyen este crímen a Chanaan, hijo de Cham. Otros dan por autor a Nemrod, quien, dicen, introdujo entre sus vasallos el culto del fuego, que ha subsistido en la Persia por tan largo tiempo. Otros, en fin, afirman, que lo fué Nino, rei de los Asirios, el cual, para con. solarse de la pérdida de su padre Belo, le erijió una estátua, i obligó a sus súbolitos a que la adorasen. Preciso es decir, que estas aserciones carecen de toda prueba positiva e histórica. Es mui cierto que la idolatría ha sido mui antigua en el mundo, pues sabemos por la Escritura que los padres de Abraham, i Abraham mismo, antes de su vocacion, vivieron entregados a ese culto impío (Josué 24, v. 2 et 14); ' mas no es posible fijar la época, ni menos señalar el autor o autores de ella.

La idolatría es un gravísimo pecado contra Dios, es un crimen de lesá majestad divina, porque tributando el idólatra, a la creatura, el honor i culto que solo a Dios es debido, pone a la creatura en lugar de Dios, i en cuanto está de su parte, pretende despojar a Este de su supremo dominio, de su infinita escelencia, incomunicables a las creaturns. Abundan los testimonios de los sagrados libros, que presentan este crimen como sumamente ofensivo al verdadero Dios, i conminan severantente a sus perpetradores (Exodi 20, Deutoron. 5. Psalm. 105, Isai. 1, et 44, Jerem. 2, et 16, Ezech. 6, Osea 8, Amos, 2).

Distinguen los teólogos tres especies de idolatría: 1.o la que va acompañada de infidelidad o error interior del alma, creyendo el idólatra que la creatura es verdadero Dios, i digna, por tanto, del culto divino; lo que importa una gravísima injuria al verdadero Dios, como es manifiesto: 2.• la que se comete, sin que vaya acompañada de infidelidad interior, por cuanto sabiendo el idolatra, que el demonio u otra creatura no es realmente Dios, le tributa, no obse tante, por afecto i para hacérsela propicia, el culto propio de Dios, pretendiendo equipararle la creatura, i comunicar a esta, en cierto modo, la infinita escelencia divina, lo que, por consiguiente, es mbien gravísimo pecado: 3.o puede ser la idolatría meramente esterior, cual es la que tiene lugar, cuando, por miedo de la muerte u otro grave mal, se tributa esteriormente a la creatura el culto divino, pero sin abrigar infidelidad interior, ni voluntad de adorarla; lo que si bien no es verdadera idolatría, sino aparente i finjida, importa no obstante una grave infraccion del precepto divino de confesar este riormente la fé: Corde (enim) creditur ad justitiam, ore autem confessio. fit ad salutem (Rom. 10); i es una detestable mentira contra el honor de Dios, i de gravísimo escándalo al prójimo.

IDUS. Véase. Calendas.

IGLESIA. La palabra Iglesia significa convocacion, porque Dios nos llama o convoca para que entremos en la Iglesia por medio del bautismo; significa tambien congregacion, porque designa al pueblo fiel esparcido por el universo, i unido con los lazos sagrados de la misma fé i obediencia. Asi, la Iglesia se puede tomar en dos sentidos: en sentido jeneral i lato, i en sentido particular i estricto. En el primero, no es otra cosa, que la union de todos los fieles llamados al conocimiento del verdadero Dios, que componen un solo cuerpo, cuya cabeza es Jesucristo. Asi considerada la Iglesia, comprende to. dos los tiempos, sin escepcion, i es tan antigua como el mundo; pues que todos los fieles de la lei antigua, como los de la lei nueva, tienen por cabeza a Jesucristo, único Salvador de los hombres. En la lei natural, todos los que observaban los preceptos de ella, i esperaban con fé viva la redencion del jénero humano, pertenecian por su fó a la Iglesia de Jesucristo. En la de Moisés la Iglesia se componia de dos especies de personas, de los judios que observaban la lei, i formaban la Sinagoga, i de los jentiles que esperaban un Redentor, i oumplian los preceptos de la lei natural. Despues de la ve. nida de Jesucristo, los judios i jentiles quedaron reunidos en Jesu: eristo, formando un solo pueblo, una sola sociedad, una sola Iglesia cristiana. Empero, esta Iglesia, no solo comprende todos los tiempos, todas las edades: abraza tambien, en su estension, a todos los fieles que moran en el cielo, en el purgatorio i sobre la tierra. Asi se divide en tres fracciones o sea tres ramas de un mismo árbol. La

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Iglesia triunfante, asi llamada, porque la componen los ánjeles i hienaventurados que triunfan con Jesucristo en el cielo, despues de haber obtenido en este mundo, la victoria contra sus enemigos espi. ituales. La purgante o paciente, que consta de aquellas almas que, saliendo de este mundo manchadas con lijeras culpas; o sin haber satisfecho cumplidamente a la divina justicia, van a purificarse en el purgatorio con penas temporales ; i terminado el tiempo de la espiacion, pasan a participar, con los bienaventurados, de la eterna felicidad. La militante, en fin, compuesta de los fieles que, viviendo sobre la tierra, tienen que sostener contínua guerra contra sus implacables enemigos, el mundo, el demonio i la carne. Estas tres iglesias son propiamente tres porciones o estados de una misma Iglesia, de la cual una parte de sus miembros está ya glorificada, otra padece i se purga, i otra es viadora i combate con ardor para obtener la victoria, teniendo todas una sola cabeza, que es Jesucristo. Véase, Comunion de los santos.

Considerada, empero, la Iglesia, en particular, o en sentido estricto, no es otra cosa, que la misma Iglesia militante, es decir: la sociedad de los fieles bautizados, que profesan la misma fé, participan de los mismos sacramentos, i bajo la obediencia de sus lejítimos pastores, componen un solo cuerpo, cuya cabeza invisible es Jesucristo, i su cabeza visible el romano Pontífice. En este sentido hablamos en este lugar de la Iglesia.

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Jesucristo, dice S. Pablo, es la cabeza de la Iglesia, que es su cuerpo, de quien ella recibe la vida i el crecimiento: Ipse est caput corporis Ecclesiae (Coloss. 1, v. 18). De consiguiente, para ser miembro de la Iglesia, es preciso pertenecer, de algun modo, a Jesucristo; i, por eso, declaró el Tridentino, que el bautismo por el cual, segun el Apóstol, somos revestidos de Jesucristo, es la puerta por donde se entra en la Iglesia i se hace uno miembro del cuerpo de Jesucristo: Quos Christus Dominus lavacro Baptismi, sui corporis membra semel effecit (sess. 14, cap. 2).

Observan comunmente los teólogos, que la Iglesia es como el cuerpo humano, un cuerpo vivo, animado por los dones interiores i sobrenaturales del Espíritu Santo, la fé, la esperanza i la caridad,

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